Rocío de la Cámara Ysern: una mujer que sigue adelante

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Salimos en dirección El Cuervo por la mañana temprano, nos espera un viaje de una hora, el cielo está claro, como siempre pasa en Andalucía. Llegamos a la Ganadería Rocío de la Cámara Ysern, donde ella misma nos espera. Rocío es una mujer refinada y elegante, nos recibe con una sonrisa y nos enseña su maravilloso Cortijo de la Sierra. Una típica estructura andaluza, con un patio cuadrado, rodeado de habitaciones, como si fuera una fortaleza.
Entramos en un salón amplio y largo, Rocío nos ofrece un café preparado por la fidelísima María, su asistenta con la que trabaja desde hace unos años. La yeguada fue fundada en el 1950 por el padre de Rocío, Fernando de la Cámara, tres años después de haber fundado la ganadería de toros bravos. Rocío lleva las riendas de la hacienda desde muy joven, desde poco después de la muerte de su padre.
La finca está dividida en dos partes, en alto hay la estupenda casa patronal Cortijo de la Sierra, donde en el pasado se guardaban los caballos y donde la familia vive, algunas centenas de metros más abajo se encuentran las cuadras, la plaza de toros donde se tientan los toros bravos y las vacas, la pista para los caballos y muchos vallados para el ganado, todo alrededor hay campos, por un total de 1.200 hectáreas. Hoy en día su yeguada de PRE cuenta con aproximadamente 30 cabezas, entre ellas se cuentan 6 yeguas para la cría y un semental.

Nos confiesa haber reducido el número de animales de manera significativa, para concentrarse en la calidad, optimizando así la selección de la raza. Según Rocío, en su mundo lo que es importante es como transmite una yegua: aunque no sea una campeona, si transmite una buena genética, es un animal que no te traiciona, como ella dice “de la que puedes confiar” y que siempre criará ejemplares excelentes.
Rocío hace fecundar sus yeguas con monta natural y con inseminación artificial. Cuando una de ellas está en celo, la deja libre en un campo con su semental Cartujano, un tordo bellísimo de 18 años, con movimientos muy elegantes. Las yeguas con sus potros pequeños están libres en el campo con los toros de lidia de 2 años, los potros más grandes están divididos por edades en diferentes cercados alrededor de las cuadras. La filosofía de su ganadería es la de dejar el ganado libre, nos dice “es fundamental para su desarrollo físico y para su salud mental”. Eso también permite que Rocío ahorre en comida, que auto-produce casi totalmente.

El mercado hoy está muy en crisis, es complicado vender caballos, explica “en mi sector no hay horarios, nunca paramos y te puedes olvidar de los fines de semana”.
Sus toros más adultos, de 3 y 4 años, casi listos para lidiar, están separados en amplios vallados. El toro de su ganadería es más “bajito”, debe de tener bravura, nobleza y clase en embestir. Rocío nos pareció una mujer fuerte, una ganadera con mucha experiencia. Es una mujer que vive en un mundo de hombres, tuvo que criar a 3 hijos, llevando, al mismo tiempo, una empresa agrícola de prestigio, afirma “ser una mujer en este sector es difícil, siempre es el doble de sacrificio y trabajo y no es fácil ganarse el respeto en un mundo de hombres”. Ella el respeto se lo ha ganado criando toros y caballos estupendos, nosotros lo vimos, mirando como su colaboradores, hoy en día 5, se dejan conducir por ella, confiando al cien por cien en su liderazgo.