Entre los encinares de la Temeraria

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La Yeguada Alborán es una ganadería de caballos de pura raza española fundada por Francisco Javier Amián Durán en 1996, está situada en uno de los bosques de la Sierra Norte de Córdoba, en la finca Los Encinares de Doña Urraca. El padre y el abuelo de Javier siempre han sido criadores de toros de lidia, la pasión por el caballo español viene de aquí, del uso del caballo que hicieron en su familia. Su finca se extiende por 220 hectáreas, hechas de campos y bosques, pequeños lagos y pequeños ríos donde los caballos, que viven aquí libremente, pueden encontrar refrescos en los calurosos veranos andaluces, explica “es importante que sean libres de correr y moverse porque puedan desarrollarse correctamente, especialmente en los músculos, tendones y extremidades”.

Javier ha hecho una elección muy clara en la selección de sus caballos, “criamos caballos tordos porque creemos que respetan la pureza de la raza”. En la Yeguada Alborán trabajan 2 personas, José Mari, el mayoral y Juan, el mozo de cuadra. Javier también es ayudado por su familia, por su hija Lucía, que ya ve ser el futuro de esta empresa, y por su hermana Gloria Beatríz Amián Durán. En total, la yeguada tiene 90 cabezas, de las cuales 40 son yeguas. Javier crea alrededor de 25 potros por año, destinados a la venta. El mercado parece estar recuperándose lentamente, las cosas se están moviendo, pero con tiempo, “el problema no es que no se venden caballos, es que la gente está dispuesta a pagar mucho menos que en pasado”, explica Javier “por venderlo a menos, prefiero quedarme con ellos, porqué nuestro trabajo, la selección que hacemos con atención, el mantenimiento de los animales, todo esto tiene un coste que no se puede devaluar”. Una buena parte de sus clientes participa en concursos morfológicos, pero también hay quien se dedica al deporte y quien lo compra para trabajar con sus toros de lidia, “queremos que el cliente sea contento con el producto que decido comprar, para esto queremos que nuestros prospectos cliente vengan a la finca, se quéden con nosotros un par de días, durmiendo aquí, y que monten los caballos, los vean, y se queden con ellos, porque puedan estar realmente satisfechos con el producto que han elegido”.

En la selección Javier tiene ideas claras, quiere criar caballos que sean hermosos, con una línea distintiva, ligeramente curvada, de la nariz y un cuello largo y curvo, pero también noble y funcional, explica “es importante para nosotros criar caballos que tengan cabeza y corazón, la combinación perfecta para un animal muy versátil como el PRE”.
Lo que encontramos fue una familia unida, a pesar del episodio de 1996, que enseña un gran orgullo por su historia y por el trabajo que siempre ha llevado adelante juntos. Los sementales de la casa son Poniente Alborán, de 6 años, y Océano Alborán, de 7 años, el 90% de las cubriciones se realizan aquí con monta natural en libertad y el restante 10% con inseminación artificial o monta natural dirigida. Según Javier, sin embargo, también es importante actualizar la línea para evitar terminar con un porcentaje demasiado alto de consanguinidad, “para abrir la sangre de mi línea, utilizo caballos que tienen un fenotipo similar al mío, una línea de sangre que uso es la de Florencio Moreno”. En este sector los sementales valen más de las yeguas, incluso si es la madre quien da el 60% de la genética a la descendencia, “sin duda para una cría, una buena madre es invaluable, la yegua es la que da grandes parte de la genética para a su cría y sobre todo que le da el carácter, vale menos porque un buen semental es capaz de mejorar la línea y corregir posibles problemas”, concluye Javier.