Yeguada Tomás Osborne: libertad, paz y tranquilidad

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El último día visitamos la famosa Yeguada Tomás Osborne, en Los Barrios, en la provincia de Cádiz. Llegamos a la cancela de la finca Las Navas de Gibraltar y desde allí empezamos a subir un camino de tierra, las yeguas están libres en el campo y pastan a pocos metros de nuestro coche sin molestarse por nuestro pasaje.
Mientras seguimos adelante, vienen hacia nosotros el jinete Chema Martínez y el ayudante de mayoral Luís Perea.
Nos paran y saludan, y nos aconsejan primero sacar fotos a las yeguas y luego a los potros, antes de subir a la finca.
Lo primero que se nota es la belleza de los caballos. Las yeguas (en el 1980 todavía pocas) y el hierro Osborne fueron cedidos a Augusto Romero Haupold, el actual propietario, por Tomás Osborne, su amigo y fundador de la ganadería. Augusto es un hombre simpático, desde el primer momento nos trata como si fuéramos parte del equipo, dice “no soy de muchos formalismos!”

Desde la época de aquellas pocas yeguas con las que empezó, la cosa ha cambiado bastante: ahora Augusto tiene 100 cabezas, entre machos y hembras. La ganadería no es la actividad principal de Romero Haupold, que con su familia gestiona una destilaría de licores. La estructura, típica andaluza, perteneció por más de 300 años a la Duquesa de Osuna, Augusto nos confiesa haber tardado 10 años en encontrarla, pero cuando la vio, enseguida se dio cuenta de que era el lugar perfecto para su ganadería ideal: campos inmensos, la casa patronal en lo alto de la colina, desde la cual se puede controlar todo.
Augusto cuenta con la ayuda de 5 colaboradores, a parte de Chema y Luís están José Mari Rojas, el mayoral; José Salazar, el guardia y su mujer Khaty Rizo, que se ocupa de la casa. Augusto Romero Haupold es hijo de un veterinario, siempre tuvo, desde pequeño, animales a su alrededor. Su familia cría bovinos desde hace generaciones y conoce este trabajo muy a fondo. Augusto busca en sus caballos primero la nobleza, luego los movimientos, la fuerza, la belleza y, por último, la aptitud a la doma, nos explica “la morfología es importante, pero si tengo un caballo bello que no es noble, no me sirve para nada”.

Su hierro es famoso, pero no nos niega que el mercado hoy en día es muy difícil, atribuye la disminución de las ventas a la crisis económica, que al mismo tiempo ha llevado a un crecimiento en los gastos de mantenimiento de los animales; afortunadamente, gracias a su filosofía ganadera, consigue ahorrar auto-produciendo la comida para los equinos: los machos se quedan libres a pastar en los campos durante los primeros 3 años de vida, y la yeguas para toda la vida, afirma “el desarrollo de cada ejemplar necesita su propio tiempo, cuando pueden desplazarse y correr sin límites, los huesos, músculos y tendones se desarrollan bien y los animales crecen correctamente.” Augusto es un hombre con mucho arte, lo notamos viendo las sonrisas de todos sus colaboradores, la forma de trabajar relajada y como juntos hacen bromas, parecen todos parte de una misma grande familia.